miércoles, 21 de septiembre de 2011

IF WE WANNA BE FRIEEEEEEEEEEEEENDS...

Tras estos dos impases que hemos tenido en la ya dilatada carrera bloguera que nos inunda, hemos vuelto a las andadas dado que estáis ávidos de nueva información que abarrote y obture vuestros sentidos dormidos antes del primer café de la mañana, eso os pasa por desayunar con Eko y con ese saborcillo a paca de paja que queda en la boca después del primer sorbo... Por no hablar de la empachifa de galletas María Fontaneda que os embutís, por supuesto partidas a la mitad como haciendo mas bulto, y que ingerís como si los carbohidratos fuesen a desaparecer de la faz de la tierra de un momento a otro...

El tema de hoy es algo que nos toca muy de cerca a todos, o a casi todos... pues hay gente que pasa de esas mierdas y prefiere estar metido en un monasterio budista o vudú (que es lo mismo pero con una Bratz y una caja de alfileres) pero que en general no es habitual... A nosotros nos gusta estar rodeados de ellos, por todas partes, e incluso buscar nuevos si éstos no circundan (que no quiere decir que nos vayan a hacer la fimosis judía... la 'brit mila' que suena como dos personajes de Mujeres Desesperadas, que lo estarían si nos acostásemos con ellas y no pudiésemos consumar por la piel aprisionada de nuestra pilila)

En fin... el tema que trataremos hoy, denso, clásico pero a la vez moderno es LOS AMIGOS... Ya reza la frase 'madre no hay más que una pero amigos tengo a centenares'... Porque no sabemos, en muchos casos, diferenciar amigo de conocido, de compañero de bocatería, de trapi, de vecino metemano, de vendedora del pan que nos conoce por nuestro nombre...

Nos encantaban las palmadas a toda velocidad de la canción de aquella serie donde eran vecinos y se sentaban en sofás destartalados del Central Perk... Queríamos ser aquella pandilla... Y meternos en la fuente con paraguas...

Los amigos son una raza en sí, no manada, porque nos viene de diferentes puntos cardinales y como todos sabemos es muy difícil juntarlos a todos en tu mismo cumpleaños sin que se maten a ostia limpia, o lo que es peor, nadie baile con nadie hasta que el alcohol u otros... hagan sus efectos y todo el mundo se haga amiguísimo, incluso tu pareja con la pareja de otro y desaparezcan en medio de efluvios y flujos; todo esto, si no tenemos una pandilla propensa a desnudarse en cualquier momento, solícita siempre a orgías romanas y a beber cerveza en zapatos ajenos, que de todo hay... Las películas han echo mucho daño, y no... no a todos nos gusta que se corran en nuestra cara, aunque lo hayáis visto mil veces...

Todos tenemos a nuestros amigos de toda la vida, con los que hemos crecido y nos han crecido los pelos, con los que tuvimos nuestro primer onetoucheasy prepago de Amena y nos llamábamos entusiasmados, amigos con los que nos compramos la primera botella de Malibú, con los que hicimos la primera acampada en la cual hicimos cosas que juramos que nunca más hablaríamos hasta que nos emborrachamos en sus bodas y destapamos la caja de los truenos (porque era algo que llevábamos dentro y que hace que nos sintamos incluso despechados), amigos a los que le contamos todo lo que nos pasaba punto por punto, incluso con varios puntos de sutura, con los que aunque estuviesen en Boston y nosotros en California (o Californication) manteníamos una relación estrecha, pero estos mismos amigos por los que hubiésemos hecho una trasfusión de sangre con dos pajitas del Burguer King son con los que un día nos enfadamos por una gilipollez, de las de has perdido las llaves y atomarporculo no nos volvemos a hablar en la puta vida, aún sigamos compartiendo piso, e incluso literas en la misma celda...

Con los amigos la vida pasa rápido, hacemos de todo... lo legal y lo ilegal y registramos cada momento en nuestra mente pero de un modo inconsciente, al mismo tiempo las copas nos van borrando los recuerdos y llega un día que no nos acordamos ni como se llaman y los llamamos 'tío-tía', y eso que hasta nos sabíamos su DNI de memoria para cubrir los billetes de Ryanair para viajar a otros países para emborracharnos juntos... Nosotros que nos duchábamos juntos sin ningún tipo de tensión sexual en festivales bajo agua helada, porque entre amigos ya se sabe... No pasa nada hasta que pasa...

A un amigo nunca lo veremos como una presa sexual, ya puede estar maciz@ como un bloque de granito, ya puede ser la Halle Berry de su vecindario, como los conocemos de todos los modos posibles no vemos más allá, sólo que coman la máxima cantidad de churrasco posible, que para eso hemos comprado 25 kilos de carne para la churrascada... Y con esos amigos, vienen otros amigos satélites, estos son los mejores, porque al principio los miras con desconfianza y luego te caen incluso mejor, mucho mejor..., que tu amigo que los trajo, intercambiáis teléfonos y en la próxima quedada de tu amigo dices ¿quíén era, perdona?, ahí es donde empieza la reconversión de amigos...

El caso siguiente es cuando vamos creciendo poco a poco y la pandilla se va contaminando de seres que denominamos como 'los churris' de nuestros amigos, de principio es imposible que nos caigan bien y están bajo una contínua observación y análisis y si los pillas solos por banda dices aquello de 'trátalo bien o me voy a tu casa con un bate de baseball y te parto las piernas, entiendes?' lo que hace que se cree una tensión extraña hasta que llega el alcohol y terminamos bailando el reaggeton con todos y cada uno de los churris dejando de lado completamente a los nuestros propios...

Y ya el último caso es cuando te haces mayor, mayor y ya en vez de churrascada quedas en restaurante, y en vez de vasos de tubo son copas de balón (ya todos bebéis gin-tonic) en ese momento has ido a la mayor parte de la boda de tus amigos (muy explotado por Hollywood, a la fuga, griega o de tu mejor amigo) y las conversaciones versan acerca de los niños, los pisos o chalets, el trabajo y tú sigues siendo un mindundi, aún no vistes de Massimo Dutti y notas que tu pandilla ha crecido, ya no sois los Goonies, y eres demasiado mayor como para volver a formar una pandilla nueva, pues la gente que está en el mercado o frecuenta bares de carretera o están en grupos de autoayuda... Así que escuchas con atención y recuerdas todas las cosas que has vivido con esas gentes, que por lo general han engordado varios kilos y perdido varios pelos pero que siguen bebiendo como entonces, sin importar el qué y el cuándo para eso son tus amigos... y a tí te encontré en la calle...

Los Manolos cantaban "amigos para siempre, amics del alma, be my friend..." y todo puede ser...

Platino y tú somos amigos... Con derecho a roce, a roce basmati y a roce con bogamante, pero amigos al fin y al cabo... y de cabo a rabo...

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