miércoles, 14 de septiembre de 2011

SAY CHEEEEEEEEEESE!!!

Ya sabemos todos que es una cita obligada el escribir o leer o incluso comentarle a nuestros amigos ciertas frases ciertas que en este blog aparecen, sabemos que faltan fotos e ilustraciones, pero buscad en google imágenes y tenéis todas las que necesitéis para adornar todas nuestras frases y sentencias... Es un gusto habernos cortado las uñas porque se nos estaban clavando en el teclado de un modo que parecía que estábamos escribiendo en números romanos... También somos conscientes de todo el daño que estamos produciendo en vuestras retinas al leer blanco sobre negro, y que si luego miráis hacia otro lado y pestañeais rápido, el texto dura todo el día en vuestras retinas...


A día de hoy nos atañe un tema muy interesante a la par que controvertido, y no me refiero a vuestras inclinaciones o deseos más ocultos que Rosa de Benito comiéndose sola un coco, si no que por mucho que digamos o que nos tapemos, o que nos escondamos o que queramos olvidar nuestras vidas hay una cosa, maléfica incluso demoníaca que se llama LA FOTOGRAFÍA.


Sí, el tema de hoy son LAS FOTOS, las dentadas sepia de nuestros abuelos, las cuadradas rugosillas de nuestros padres o esos rectangulillos brillantes o mates (los segundos nos aseguraban que se marcarían menos las huellas, no así las huellas del tiempo) y ya en la era digital esos cientos de carpetas de bits, mejor o peor ordenadas, que inundan nuestros ordenadores... (nosotros tendemos a llamarles a las carpetas jhdljkha y claro, luego no encontramos nada de los DCIMnosequénúmero...)


Antes teníamos cuidado con la cámara de nuestros padres, por supuesto comprada en Canarias, de sacar las fotos justas, con el encuadre exacto y la luz perfecta (porque con la máquina de escribir no se podían retocar) a lo que seguía todo un ritual de las tiendas de fotografía, las que cogíamos, las que dejábamos, si nos regalaban otro carrete (marcablanca) o incluso un álbum de los que tenían múltiples hojillas de plástico de papel de fumar, donde era imposible meter una foto sin que se te arrugase todo y luego aparecieses a través de un cristal craquelado... Incluso nos compramos aquellas primeras cámaras analógicas que costaban un riñón, que rima con canon y nikon, que si bolsa, que si trípode, que si flash, que más objetivos, si filtros...; como si fuésemos a hacer algún reportaje para National Geografic y lo máximo a lo que llegamos fue al concurso de nuestro barrio y un accésit con una foto de amanecer o atardecer (sí, esas que nos gustaban tanto...)


También éramos fans de las cámaras desechables, ya no esas de cartón, las que nos regalaban por nuestra primera comunión y a las que abríamos la tapa y velábamos los carretes, haciendo que al revelarlas la familia estuviese rodeada de psicofonías de Iker Jiménez, exactamente lo que ahora mismo hacemos con la fiebre Lomo, o al pasarnos con los filtros de Photoshop... Toda nuestra vida está inmortalizada en fotos, de esas que muestran nuestras caras más ocultas, las mechas de mamá, el alicatado de los setenta que tenía nuestra cocina con el flashazo en el azulejo, todas nuestras mascotas ya muertas, nosotros y nuestros hermanos en la bañera enseñando nuestras cosas (cosa que nunca entenderíamos ahora dadas las brigadas de pornografía infantil acechando), todos nuestros cumpleaños documentados, y  los bautizos, las comuniones, las bodas... Cientos y kilos de fotografías que hablan de lo que NUNCA tiene que volver a suceder en el siglo veintiuno... Son reflejos fieles de que cualquier tiempo pasado no fue mejor... Por mucho que nos guste el vestido que llevaba la abuela, fue amortajada con él y no lo encontraremos por los armarios...


Nos gusta, inexplicablente por qué, traer amigos a casa y enseñarles como éramos de feos, quizá para que nos vean más guapos ya digievolucionados, qué pintas teníamos, qué acné rebelde, incluso qué cuadros del Thyssen-Bornemisza éramos... Y ponemos como cara de orgullo mientras las ven y señalamos y  decimos, mira! mira qué pintas, esa es mi prima Graci!! y... ¿Qué coño me importa quien es tu prima Graci? si no me hace ni puta graci! O esta era mi casa... ¿no te parece suficiente desgracia que del incendio se hayan salvado sólo estos álbumes y un trozo de la barandilla? Pero nos gusta... y también está el caso de muchos de nosotros que tenemos lo mismo pero en diapositivas... que sacamos el tochoproyector en medio del salón y contra una cortina hacemos tragrarnos a todos nuestros amigos nuestras vacaciones en Santillana del Mar como pensando que les va a hacer gracia recordando Cuéntame... y tracatrá, tracatrá... 300 diapositivas... 
una bolsa de patatas fritas y una lata de mejillones para que quieran volver a nuestras casas... (esto siempre será mejor que sacar nuestra colección de fotos de carnet que sabemos que a toooooooodos nos encanta...)


Ya en la era digital la cosa cambia... Disparamos a troche y moche y lo único que cambió, desde principio a estos tiempos, es la cantidad de megapíxeles y la capacidad de las tarjetas... No nos importa ni tan siquiera mirar por el visor, ni el puto detector de sonrisas (nos preguntamos como será eso en el museo de cera de Madrid, se volverá crazy), hacemos los máximos cientos de fotos posibles como si no hubiera un mañana o como si no fuésemos a volver a Salamanca nunca más en la vida, incluso como un puzzle, una vez reveladas las fotos podríamos reconstruír la propia Salamanca, o hacer un Street View paso a paso... y eso que no somos chinos... que siendo otra raza, sus tarjetas de memoria deben ser como un acelerador de partículas, que el día que estalle la cámara de un chino, saltará por fotogramas una nueva versión de Lo que el viento se llevó... Nos encanta documentar, sacar desde lo más raro a lo más bizarro, y si salimos feos pues nos hacemos unos cristos por retoque que será tema de otro día, y por si esto no fuera poco... Tenemos cámaras en nuestros móviles, aún mejor, porque podemos acosar a cualquier transeúnte tullido y fotografiarlo por su rareza, o nuestros desayunos, incluso robar derechos de autor una y mil veces...


¿Y todo esto para qué? Pasando de moderneces como el Flickr, la verdadera realidad es que lo hacemos para subirlas a Facebook!!! Para que vean que buenorras estamos en la playa, para que vean lo macizos que están nuestros novios, para que vean nuestras fiestas, nuestros desmadres, nuestros trapos, para vean nuestras navidades, las caras de nuestros primos, o todo lo que nos encanta subir a las redes sociales sin ton ni son, y que podrá ser utilizado en nuestra contra o incluso nuestras caras usadas en páginas de contactos checoslovacas con nombres que nunca nos pondríamos ni para carnaval...


Con todo esto os aseguramos que por eso no subimos ninguna foto al blog, porque ya estáis empachados de ellas por otros medios, y porque a PLATINO Y TÚ nos gusta mantener nuestras juergas aún en carretes sin revelar...

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